
Una Constitución para celebrar, pero una realidad que todavía espera respuestas
Gustavo Strubia
Los actos conmemorativos, los discursos, las fotografías y los homenajes forman parte de la vida institucional de una provincia. La reforma de la Constitución de Santa Fe, sancionada el 10 de septiembre de 2025, fue presentada como un momento trascendental para las instituciones y como una oportunidad para incorporar nuevos derechos y responder a los desafíos de la sociedad actual.
A un año de aquel proceso, el Senado provincial realizó un acto para recordar la reforma, descubrió un monolito destinado a resguardar el ejemplar original de la nueva Constitución y entregó el Diario de Sesiones de la Convención Reformadora, una publicación de 1.317 páginas que reúne los debates y las intervenciones de quienes participaron.
Todo eso puede tener un valor histórico, político e institucional. Pero hay una cuestión que no debería quedar afuera de ninguna celebración: ¿qué cambió concretamente en la vida de los santafesinos?
Porque mientras en los salones de la Legislatura se habla de nuevos derechos, consensos democráticos y oportunidades, en la calle la realidad de miles de familias sigue siendo muy distinta. Llegar a fin de mes se convirtió en una preocupación cada vez más grande. Los salarios pierden capacidad de compra, los servicios, los alimentos y los gastos cotidianos se llevan buena parte de los ingresos y cada vez resulta más difícil sostener el mismo nivel de vida.
Para el ciudadano común, la Constitución no se mide por la cantidad de páginas de un diario de sesiones ni por la inauguración de un monolito. Se mide por la posibilidad de vivir mejor, acceder a servicios de calidad, tener trabajo, llegar a fin de mes, proyectar un futuro y sentir que sus derechos no quedan solamente escritos en un documento.
En el acto, el senador Alcides Calvo sostuvo que el desafío ahora es hacer efectivos los derechos y garantías consagrados en la nueva Carta Magna, para que se traduzcan en más oportunidades, participación y mejores condiciones de vida para los santafesinos. Y justamente allí está el punto central: las palabras ya fueron pronunciadas; ahora hacen falta resultados.
No alcanza con reformar una Constitución si después los beneficios no llegan a quienes más los necesitan. Tampoco alcanza con destacar el diálogo político y la construcción de consensos si esos acuerdos no se traducen en respuestas concretas para los problemas cotidianos de la población.
La política suele tener facilidad para celebrar sus propios acontecimientos, pero debería tener la misma predisposición para mirar de frente las dificultades de la gente. Porque una reforma puede ser histórica para las instituciones, pero su verdadero valor se verá en la medida en que mejore la vida de los ciudadanos.
Un año después, la pregunta sigue vigente: ¿la nueva Constitución cambió la vida de los santafesinos o, por ahora, los cambios quedaron en los discursos?
Porque para muchas familias, la realidad no solo no mejoró: cada vez cuesta más llegar a fin de mes. Y ninguna celebración institucional debería hacernos perder de vista esa realidad.


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